¿Perpetua o pena mínima? La dura disputa en juicio por el crimen de Fernández Báez Sosa en Argentina

La próxima semana se conocerán las sentencias por el homicidio, perpetrado en 2020, por el que están imputados ocho jóvenes.

La Fiscalía y la familia de la víctima quieren cadenas perpetuas. La defensa, en cambio, está comprometida con penas de entre dos y seis años de prisión.

Estas son las dos opciones que enfrentan los ocho jóvenes imputados en uno de los juicios más polémicos y mediáticos de la historia argentina reciente.

Franco Benicelli, Blas Cinalli, Enzo Tomás Comelli, Máximo Pablo Thomsen, Ayrton Michael Viollaz, los hermanos Ciro y Luciano Pertossi y su primo, Lucas Pertossi, tenían entre 18 y 20 años. la noche del 18 de enero de 2020, cuando Fernández Báez Sosa fue golpeado en un grupo a la salida de una discoteca en Villa Gesell, ciudad de la costa atlántica donde todos estaban de vacaciones. El joven de 18 años murió.

El crimen provocó una conmoción social que se reavivó el 2 de enero, con el inicio de un juicio que hoy se encuentra en su recta final, pues las sentencias se conocerán la próxima semana.

A lo largo de las cuatro semanas del juicio, las posiciones de las partes han sido inamovibles.

Los fiscales Gustavo García y Juan Manuel Dávila aseguran que el crimen fue premeditadoque los ocho imputados actuaron con alevosía, que acordaron matar a Báez Sosa y que continuaron golpeándolo cuando ya estaba tendido en el piso sin posibilidad de defenderse.

Por tanto, el delito es “homicidio agravado por alevosía y cooperación premeditada de dos o más personas” y la única pena posible es la pena máxima: cadena perpetua.

Por lo mismo lucha Fernando Burlando, abogado de Silvino Báez y Graciela Sosa, padres de la víctima. Además, antes y durante el juicio no ha escatimado en insultos a los acusados.

Por el contrario, los abogados defensores aseguran que no hay pruebas de premeditación, que las decenas de videos que existen de la “pelea” no permiten identificar con claridad quiénes participaron y que, en todo caso, se trató del delito de “asesinato en pelea”sin intención de matar, por lo que merecen penas de dos a seis años de prisión.

mediatización

El juicio ha despertado de lleno la atención de la opinión pública. Tanto es así que las audiencias se siguen en directo. Toda la información relacionada con el caso, hasta el más mínimo detalle, garantiza altos niveles de audiencia.

La estrategia de los acusados ​​ha sido no culparse unos a otros. Las pocas veces que hablaron, ignoraron o minimizaron su participación en la golpiza y nunca nombraron a ninguno de sus compañeros.

También hablaron algunos de sus padres y madres. Fueron asumidos como víctimas de la condena social, de la persecución mediática y el supuesto “clima de linchamiento” en torno a ellos y sus hijos.

En total, a lo largo del juicio hubo 87 testigos, entre peritos, fuerzas de seguridad, médicos, personas que presenciaron la pelea, amigos de la víctima y una mujer que intentó reanimarlo.

Este miércoles aumentó la expectativa con el inicio de los alegatos de la fiscalía, la querella y la defensa. Las audiencias serán maratónicas y terminarán el viernes.

La sentencia de los jueces María Claudia Castro, Christian Rabaia y Emiliano Lazzari, integrantes del tribunal, se espera a más tardar el próximo martes.

Antes de escuchar la sentencia, los acusados ​​tienen derecho a hablar. Hasta el momento, ninguno de los ocho lo ha solicitado.

¿Qué sucedió?

En la madrugada del 18 de enero de 2020, los ocho jóvenes y la víctima se encontraron en un centro nocturno de Villa Gesell. A la salida, los imputados atacaron a Báez Sosa. Le dieron puñetazos en el cuerpo y, ya acostado, le siguieron pateando la cabeza.

Algunos se tomaron el tiempo de grabar el ataque con sus celulares. A ellos se sumaron otros testigos y cámaras de seguridad de la zona.

Por eso se convirtió en el homicidio del que hay un registro visual inédito que ha sido retomado durante el juicio.

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En estas imágenes se puede ver la saña con la que actuaron los imputados y su posterior indiferencia, ya que enviaban chats para ocultar el crimen, regresaban a la casa donde se alojaban para cambiarse de ropa ensangrentada y algunos de ellos incluso se iban a cenar.

Al día siguiente, cuando fueron detenidos, uno de ellos aseguró que el asesino había sido Pablo Ventura, otro joven del pueblo donde vivían y que fue detenido, aunque luego se supo que ni siquiera había estado en Villa Gesell.

Desde un principio, el crimen tuvo un componente de clase, ya que la mayoría de los imputados practicaban rugby, deporte asociado a familias de alto poder adquisitivo y marcado por prácticas violentas que rebasan el terreno de juego.

La víctima, por el contrario, era una estudiante de derecho, hija única de una pareja de inmigrantes paraguayos que hoy solo espera que haya justicia.



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